Kultura Abierta

Intervención de Antonio Ribera Blanco en la Sesión plenaria del Parlamento vasco celebrada el 22 de Diciembre de 2008

jaunak: Señora presidente, egun on, señorías.

Supongo que de manera inevitable, la señora consejera de cultura, ha traído hoy una cara, una sonrisa forzada y helada con la que nos mira y nos dice: "no te estarás creyendo eso que estas diciendo ¿no?, y nos lo dice a todos y cada uno de los que van pasando por este atril desde las nueve de la  mañana y nos lo va a seguir diciendo con su sonrisa forzada y helada de aquí a que terminemos hacia las tres de la tarde.

Yo no voy a anticipar dos creencias −dos certenidades que decía mi abuela− la primera de ellas, es que todo lo que voy a decir me lo creo. Y me lo creo personalmente y me lo creo en nombre y representación de mi grupo. Y en segundo lugar, creame también de verdad, que por lo menos personalmente, creame de verdad, que
comparto el mal momento personal que usted tiene que estar pasando. Alguien dijo en la comisión, uno de los patronos fundamentales de la Fundación Cristóbal Balenciaga, una frase que creo que resumen perfectamente de que se ha tratado toda esta cuestión dijo: "Con los mejores mimbres se ha hecho un cesto de angustia".

La idea de hacer un museo para reconocer a Cristóbal Balenciaga, era, es y tiene que seguir siendo una idea y un proyecto realmente importante, porque estamos rindiendo homenaje, estamos rindiendo tributo y estamos poniendo en valor al que sin ninguna duda ha sido el modisto internacional de más talla.

Por eso yo creo que lo primero que hay que hacer es desear y contribuir con el concurso de todos a clarificar lo ocurrido entorno a la construcción y desarrollo de este museo, de manera que esa transparencia, esa clarificación ante la ciudadanía enmienden en lo posible los aspectos negativos manifestados hasta ahora y sirva de soporte para el éxito final del edificio y de la iniciativa. Una posibilidad que después de los acuerdos y la política de buena relación asentada entre las instituciones vascas, y el Gobierno español en este asunto, nos hace ser razonablemente optimistas y ojalá que sea así.

Pero aquí, efectivamente, como ya han señalado quienes me ha nantecedido, hemos venido a otra cosa. En concreto, hemos venido como dice el mandato de creación de esta comisión, que recuerdo fue apoyada unánimemente por todos los grupos que componemos esta Cámara, hemos venido digo y hemos estado trabajando a lo largo de unos cinco meses para investigar y conocer lo actuado por la sociedad Berroeta Aldamar, en
relación a este futuro Museo Balenciaga.

Recalco este punto de partida, como han hecho otros de los que han hablado antes, porque en las últimas semanas el poder ejecutivo, el Gobierno de mi país, y que preside el señor Ibarretxe, ha tratado de poner en cuestión la labor de ésta y de la otra comisión de investigación, ambas dos comisiones emanadas de este Parlamento, en una nueva demostración de ignorancia sobre lo que es el ámbito de actuación de cada poder en una sociedad democrática. Y en una nueva demostración de arrogancia por quienes han exhibido hasta la saciedad que llevan demasiado tiempo en su puesto como para servir adecuadamente y con rigor a los ciudadanos.

Nosotros no hemos pasado casi –o sin casi– cinco meses investigando para concluir en un inocuo reparto equitativo de culpas entre instituciones y particulares, en el seno de la Fundación Cristóbal Balenciaga y de la sociedad Berroeta Aldamar. Nuestro objeto es la actuación de esta segunda, porque el Parlamento Vasco tiene únicamente jurisdicción de control sobre el Gobierno Vasco. Y en todo caso, capacidad para recomendar y legislar sobre instituciones de nivel inferior como son las diputaciones y los ayuntamientos también vascos.

En ese sentido, nosotros venimos aquí hablar básica y principalmente de lo hecho por el Gobierno Vasco, por la Diputación Foral de Gipuzkoa y por el Ayuntamiento de Getaria, como miembros los tres componentes del capital
de Berroeta Aldamar y responsables, por lo tanto, de lo bueno y de lo malo que haya podido hacer esa sociedad.

Sobre este punto de partida claro, el dictamen apoyado por la casi totalidad de la comisión investigadora y que se propone aquí a esta Cámara, establece que las actuaciones iniciales de la Fundación Cristóbal Balenciaga
adolecieron de numerosas irregularidades y hasta de ilegalidades. Irregularidades e ilegalidades que resumo como han hecho otros colegas.

Y que resumo brevemente en falta de profesionalidad en la gestión, personalismos y trato de favor continuo por parte de su gestor máximo, desviaciones presupuestarias desmedidas, cuestionable definición y dirección del proyecto y de las obras del proyecto, duplicidad de contratación de una misma persona o de su empresa unipersonal, dependencia exclusiva de los fondos públicos, falta de discernimiento entre lo que es privado y lo que es público, opacidad constante y hasta falsificación documental.

Todos y cada uno de estos hechos, graves o muy graves, se venían manifestando desde los primeros momentos en el seno de la Fundación Cristóbal Balenciaga, una fundación que, no se olvide, conformaban patrones particulares en razón de diferentes y desiguales dignidades, capacidades y amistades, junto con dos patronos institucionales de peso, el Ministerio de Cultura del Gobierno del Estado y el Ayuntamiento de Getaria.

A este Grupo Socialista y a sus dos comisionados no les ha temblado el pulso en ningún momento –y de ello puede dar fe el resto de la comisión– durante estos cinco meses para dejar bien claro y decir bien alto en la comisión que en el ámbito de ese patronato de la Fundación Cristóbal Balenciaga, y desde la base de que los errores de todos no fueron los mismos, en lo que hace el Ministerio de Cultura no se puede sino reprochar también su participación en esas actuaciones negativas de la fundación.

Ha sido un punto de partida analítico para nosotros. Ahora bien, voy a hacer un inciso. No discutamos demasiado sobre el dichoso informe de bellas artes, de la dirección de bellas artes de 2005, no nos encasquillemos en ese asunto como ya ha empezado a hacer el representate de Ezker Batua y como supongo que hará inevitablemente el representate del Partido Nacionalista Vasco.

El dichoso informe de bellas artes que tiene diez miserables páginas, dedica página y media a decir absolutas obviedades sobre la inadecuación del proyecto para el Museo Cristóbal Balenciaga. Es decir, no hay ni informes
ni análisis de higrometría, no hay ni informe ni análisis de fotometría, no hay ningún tipo de exposición estupendas sobre museología, museografía o interiorismo. Hay purito sentido común. Y les vuelvo acarar que el dichoso contrainforme del señor Mariano Camio de la empresa Eptisa-Cinsa, en el apartado que dice Informe Museológico es una página en blanco. Pero sigamos.

Es cierto, digo, como argumento, es cierto como argumento fundamental que los representantes del Ministerio fueron poniendo pie en pared, y reivindico aquí de entre todos ellos al primero que levanto el dedo, al señor Fontán del Junco, y que llegaron finalmente a frenar su aportación económica ante lo que se estaba viendo. Pero desde su capacidad
institucional podían haber hecho mucho más para poner fin a tanta gestión ausente por completo de profesionalidad.

Y ese reconocimiento de que todos sin excepción, aunque con variaciones de culpa, si este es el término, de que todos sin excepción actuaron mal en la Fundación Cristóbal Balenciaga es la base argumental para afirmar que tampoco Berroeta Aldamar actuó mejor, que también lo hizo mal. Y esto es exactamente lo que aquí nos trae. Toda esa serie de irregularidades, y está mi pieza argumental, toda esta serie de irregularidades y hasta ilegalidades que recoge el dictamen, todas las que resumido anteriormente podían y debían haber sido conocidas por las instituciones que integraban Berrota Aldamar, y no fue así.

Las actas del patronato y de la comisión ejecutiva de la Fundación Cristóbal Balenciaga están llenas de referencias y descripciones de tensiones entre sus miembros por esas irregularidades, muy anteriores todas ellas a 2005, año en que se constituyó la sociedad Berroeta Aldamar para desarrollar la segunda fase del edificio del museo.

En estas actas se pueden leer quejas de diversos patronos, de muchos patronos por causas como la siguiente: porque no se hacen auditorias de cuentas, porque una persona que es patrono fundador y padre de la iniciativa del museo, vicepresidente y gerente de la fundación y luego gerente de Berroeta Aldamar hace y deshace desde una concepción personalista de la gestión de sociedades, porque ese mismo Mariano Camio establece constantemente una relación personal y de favor con Julián Arguilagos Pi para contratarles por dos y hasta por tres cometidos distintos para hacer lo mismo, y pagarle dos y hasta tres veces por ello mismo.

Porque el padre del proyecto de edificio del museo y de la concepción museológica de este mismo señor Arguilagos, no tiene acreditada, como ya se ha dicho aquí en el país, una profesionalidad, ni una titulación y necesita
ser sostenido de continuo por un arquitecto colegiado.

Porque no hay un plan presupuestario, porque el proyecto de edificio de museo en su segunda fase no se adapta en líneas generales a lo que pide el museo de delicados trajes. Porque partidas subvencionales para inversión se han derivado a gasto corriente poniendo en peligro, como acabo sucediendo, la continuidad de esos apoyos públicos. Porque el secretario no hacía su labor, y porque el tesorero tampoco lo hacía. Porque todos sabían que lo que decían iba a costar seis acabaría costando dieciocho o veinte, y me refiero a millones de euros.

Quejas todas ellas fundadas, porque no en vano ya habían visto como la obra del edificio en la primera fase se había desviado de su costo en más de un a 40 %.
<blockquote>En fin, todo esto se podía conocer simplemente leyendo las actas del patronato y de comisión ejecutiva de la fundación. O simplemente, prestando oídos a lo que sin duda se comentaría por diversos ámbitos. Sin ir más lejos, la anterior Consejera de Cultura, María del Carmen Garmendía, no entró en la Fundación, entre otras razones, porque le olía mal y no se fiaba de lo que allí estaba pasando. Y de lo que
venía mal gobernando Mariano Camio.</blockquote>

En segundo tercer lugar –no sé ya donde voy– no se olvide que alguno de estos personajes de este maldito embrollo eran correligionarios de quienes han detentado poder en ayuntamiento, Diputación Guipuzcoana y Gobierno
Vasco durante todos estos años.

Digo que algunos de estos personajes claves, eran del mismo partido que los representantes institucionales de ayuntamiento, diputación y gobierno, del Partido Nacionalista Vasco, como ustedes saben y se ha dicho aquí.
Mariano Camio fue 16 años seguidos alcalde de Getaria por el PNV, Eusebio Larrañaga tesorero de la Fundación, también era de ese partido y había sido gestor de las cosas públicas y gubernamentales. Y no eran ellos dos solos. Cualquiera podía haber trasladado el conocimiento de esas irregularidades tan habituales en la Fundación y que
venían lastrando, si no poniendo en peligro, las posibilidades futuras del Museo. Nada se dijo al parecer. Nada se trasladó allí donde era necesario. Uno, Camio, porque tenía que ocultar y ocultaba mucho, otro porque como otros hizo como los monos gibraltareños, ni ver, ni oír, ni decir.

Otros, de otras inclinaciones políticas hicieron otro tanto, otros privados hicieron otro tanto, otros afortunadamente no. Por eso leyendo las actas se podía saber, antes de 2005, que algo, mucho no iba bien.

Pero hay algo mucho más importante, cuando se funda Berroeta Aldamar en 2005 –en abril del 2005– para salvar el desastre económico de la Fundación, uno de sus tres integrantes institucionales es el alcalde de Getaria, a su vez patrono fundamental de la Fundación desde su inicio. Es decir, que el alcalde, el sucesivo alcalde de Getaria, estaba en la fundación y en Berroeta y que no paso ni un dato conocido, formal o informalmente, a sus nuevos socios de la mercantil y compañeros de partido, para que estos pudieran saber, si todavía el estruendoso rumor no había llegado a sus oídos, que algo no iba bien en todo eso.

La cosa es que ni formal ni informalmente, ni por lecturas o por escuchas, ni el Gobierno Vasco, ni la Diputación, ni a otro, ni al Ayuntamiento se palparon la ropa el día que decidieron constituir Berroeta Aldamar y subrogarse de todos los compromisos de la Fundación Cristóbal Balenciaga. Este es el quid de la cuestión, este es el asunto que aquí nos trae. Hubo una falta total de celo en la función de gestionar y controlar adecuadamente los recursos públicos por parte del Gobierno Vasco, de la Diputación y del Ayuntamiento en el momento, en el preciso instante de subrogarse los compromisos contraídos por la Fundación.

Nada se preguntó. Nada se analizó como se debía, no se hizo caso a nada de lo que flotaba en el ambiente, todos fueron monos de Gibraltar, pero el dinero, todo el dinero era dinero público. Ese es el pecado, si acaso cabe el término, y eso es lo que nos ha traído aquí, lo que justificó la creación y el trabajo de esta comisión.

Y de esa falta de celo a la hora de gestionar y controlar los recursos públicos, se han hecho responsables políticos ante la Comisión de Investigación, primero la señora Miren Azcarate, consejera de cultura, aunque que veo por el periódico de ayer, que como luego referiré, a perdido la contundencia que sí que expresara en la propia Comisión.

Ella se hizo responsable política en la Comisión de lo que había sucedido, igual que lo hizo el director de cultura de la Diputación, el señor Imanol Agote, e igual que lo hizo el alcalde que fue de Getaria, el señor Josu Ezenarro. No lo hizo así el anterior diputado general de Gipuzkoa, Joxe Joan González de Txabarri, gran partidario de la iniciativa y sostenedor de Mariano Camio.

Interesa destacar que él no se hizo responsable por la conclusión que pueda sacar de ello esta Cámara y la propia ciudadanía, pero interesa también porque en su sorprendente alegato ante la comisión dijo dos o tres cosas interesantes. La primera que ni Camio, ni Ezenarro le informaron de nada antes de la subrogación. La segunda, que en su tiempo no era anormal, que una obra pública se desviará de su presupuesto en un 300 %, como ha
pasado de hecho en el Museo.

Lo que invita a revisar retrospectivamente la ejecución de las obras públicas guipuzcoanas de ese tiempo, aunque efectivamente esta es otra historia. Y la tercera que es la que más me interesa a mí aquí, es que Txabarri
afirmó que la Diputación, al menos, había hecho los informes exhaustivos previos a su participación en Berroeta Aldamar.

Interesa este detalle porque informa, por fin, sobre cómo hicieron las instituciones las cosas, sus deberes, la Comisión inmediatamente solicitó el documento claro esta. Y el documento nos ha llegado firmado por la secretaría técnica del Departamento de Cultura y Euskera de la Diputación Guipuzcoana, nos ha llegado una vez cerrada la Comisión, el 19 de diciembre.

Pero con tiempo, para que los comisionados lo podamos leer. Ese informe, esa página, esa hoja, firmada por la secretaría técnica señala que se emitieron los informes jurídicos y económicos previos a la incorporación accionarial de la Diputación a Berroeta Aldamar. Como establecen las normas internas de la
entidad foral.

Pero advierte a la vez de que el expediente no incluye ningún documento referido a la subrogación. Esto es, que frente a lo afirmado por el anterior diputado general, la Diputación no hizo el trámite necesario para participar en una sociedad que se iba a constituir con su concurso.

Pero nada de informes previos, nada de análisis de situación, nada de
ver cuál era la entidad de los compromisos, y nada sobre el estado real del
proyecto.

Todo esto último, confirma que Berroeta Aldamar y las instituciones que compusieron esa sociedad, se subrogaron. Heredaron los viejos problemas e irregularidades, e ilegalidades de la fundación sin preguntarse nada acerca
de los mismos.

Sólo desde la primavera de 2007, cuando todo estalló, cuando la señora Azkarate dice que ya era responsable política para arreglarlo. Sólo desde la primavera de 2007, empezaron a solicitarse informes económicos y
jurídicos sobre los contratos subrogados desde la fundación Cristóbal Balenciaga, por parte de Berroeta Aldamar.

Y sólo entonces, por lo menos el Gobierno Vasco se hizo tres preguntas principales. Uno, cuál era su papel en relación a la fundación. Dos, cuál era, o si cabía, la adecuación del edificio para el objeto final del mismo. Y tres, cuál era la posición del Gobierno vasco en relación al futuro museo.

Esto, insisto, se hizo en la primavera de 2007. Ese es el asunto que compete a esta Comisión y a este Parlamento. La responsabilidad política de los que tenían que haber mostrado el celo adecuado en el control de los
recursos públicos.

Lo otro, las presuntas ilegalidad cometidas por los señores Camio, Arguilagos y Paciel están en otro poder democrático como es el de la justicia, y no nos cabe a nosotros terciar en ese ámbito.

Durante cinco meses de trabajo de la Comisión, hemos asistido a los retazos, y con el relato, tratado de construir eso, un relato, una versión de la realidad. Hemos acudido a un relato especialmente cutre, plagado de actuaciones que, pensábamos, formaban parte de otros tiempos.

Una de esas cutreces, y que más ha interesado a los medios de comunicación, es la del regalo de pañuelos de no sé sabe ya qué parte de la colección a señoras de concejales del Partido Nacionalista Vasco, por parte
de Mariano Camio. Ilustra de nuevo, y por eso me interesa, sobre cómo se gestionó todo esto durante años. El anciano secretario de Balenciaga, Ramón Esparza, entregó a Camio, entonces alcalde de Getaria, el fondo inicial de la
colección.

Años después, Camio regaló unos pañuelos a esposas de sus correligionarios. Camio seguía siendo el mismo alcalde que recogía las preciadas prendas de aquel anciano, como dijo él, necesitado de cariño. Él iba determinando cuáles eran para la colección y cuáles para él. Eso pasó con los tan traídos y llevados pañuelos. Sencillamente, Mariano Camio, a lo largo de 16 años ininterrumpidos de mandato al frente del Ayuntamiento de Getaria, acabó con no distinguir sistemáticamente qué era lo público y qué era lo privado, al menos en lo que se refiere a este controvertido asunto Balenciaga.

Pero vamos más allá, porque todo esto era posible solamente porque tampoco se sabía qué era lo público. Es decir, hasta dónde llegaba.

Desde 1988, desde la primera cesión de hecho por parte del Gobierno Vasco, puesto que el fondo ha estado custodiado desde ese 1988 en un local alquilado por la entonces fundación.

Desde 1988 no se ha tenido un inventario debidamente detallado de piezas. Aunque se solicitó en diferentes ocasiones que así fuera, sólo unos meses antes de la cesión legal del fondo del Gobierno Vasco a la fundación, en noviembre de 2003, se ha podido tener un inventario de piezas.

Pues bien, como se ha manifestado en la comisión, ese inventario fue encargado por el gobierno cedente, nuestro gobierno, para que lo realizaran los técnicos de la entidad que iba a recibir la cesión, la fundación. Es decir, que el Gobierno fiaba la relación de su propiedad a la buena voluntad de una entidad ajena, que iba a ser depositaria de ese patrimonio.

Y no sólo eso, todavía cuando termina 2008, nadie en rigor es capaz de afirmar que ese inventario sea el definitivo, ni que todas las piezas propiedad de la Administración Autónoma vasca sean las que se refieren en esa relación
de fondos.

Bajo esos presupuestos, ¿a quién extraña, que no se sepa ya, yo al menos me he quedado sin saberlo, si los pañuelos regalados por Camio a aquellas esposas eran o no del fondo del Gobierno Vasco?

Todo lo expuesto recogido en el dictamen, en este dictamen y en el anterior, es sólo una parte de lo escuchado en las respectivas comisiones investigadoras y leído en documentos por parte de los comisionados.

La veracidad de un dictamen podrá rebatirse si existen datos que afirman que éste –que esos datos– no se corresponden con la realidad.

Entonces habrá sido en parte una investigación mal hecha. Los comisionados somos humanos, el tema es un maldito embrollo. Y soy capaz de asumir esa duda razonable como punto de partida. Pero que no se discuta frívola o malévolamente sobre la intención del dictamen de éste o de la anterior y sobre la convicción de que la casi totalidad de los comisionados de que los mismo dictámenes recogen un relato cierto de lo que hemos escuchado, leído y reflexionado en estos acelerados cinco meses de investigación.

Soy muy consciente de que la verdad se pueda hacer depender arteramente de las conveniencias y coyunturas. Eso podría haber pasado.

Pero un dictamen sostenido por la parte casi totalidad de los comisionados elimina de raíz esa posibilidad. Podemos habernos equivocado, aunque en este caso no lo ponen aquí en duda ni los discrepantes externos. Pero ni hemos engañado respecto lo conocido en la Comisión, ni nos hemos engañado para llegar a una conclusión falsa o de conveniencia.

Voy terminando.

El resumen de este asunto Balenciaga no es muy diferente del referido al asunto Guggenheim y si me apuran incluso, no es muy diferente de lo que concluimos estos días cuando vemos como están fallando muchos pilares sobre los que se sostenía nuestro universo mundo.

Se ha fiado en exceso de la tecnocracia. Se ha confiado demasiado en el gerente. Se ha denostado en demasía el control público de los fondos públicos. Se han levantado demasiadas cautelas y prevenciones. Se han obviado mecanismos de control-administrativo por lentos, farragosos o caros. Se han confundido burocracia con observación. Y se ha dudado de la acción de los representantes públicos –de nosotros mismos– antes las bondades atribuidas al libre y técnico desarrollo de los negocios de las iniciativas o de los proyectos. Se ha acudido en exceso y sin reflexión a sociedades instrumentales que por definición esquivaban la observación del Parlamento, del Tribunal Vasco de Cuentas o de una simple auditoría obligatoria cada año.

Al final, hay un pillo, un chorizo o una gestión personalista, porque quien pone el dinero de todos y está llamado a cuidar del dinero de todos no sabe o no quiere saber. Pillos y chorizos hay en todas partes, y los seguirá habiendo. De ello se ocupa la justicia. Nosotros, este Parlamento, esta Comisión se ocupa de saber por qué quién tenía que vigilar y poner orden no lo hizo hasta el día siguiente que reventara un secreto a voces.

Estos días se ha hablado de responsabilidad política, y también se ha citado muchas veces sobre todo desde el Gobierno –todo hay que decirlo– la palabra dimisión.

A mí, particularmente, ya es una cosa que me empieza a cansar. La señora consejera ayer escribía un artículo en la prensa, donde reconocía responsabilidades políticas a partir del momento en que se conocen las cosas: "Responsabilidad política que asumo –dice– de seguir desarrollando el proyecto de excelencia" bla bla bla...

Asumo la responsabilidad política de una vez, de que una vez  detectada las primeras irregularidades a ver tomado medidas que sean necesarias. Pero sin embargo, como decía antes, en este artículo de ayer ni siquiera tiene la generosidad que tuvo delante de la comisión y se limita a decir: "Asumo como vocal de Berroeta un exceso de confianza en el momento de la asunción del proyecto de construcción del Museo Balenciaga en el gerente y en lo relativo a los contratos heredados de la fundación en la que el Gobierno Vasco no participa.

Con la descripción que yo les he hecho de los hechos, con la descripción que han hecho aquí quienes me han precedido, yo creo que discutir sobre si procede o no la dimisión es una cuestión que compete ya exclusivamente a la
señora consejera y a su jefe inmediato que es el señor lehendakari. Tienen que elegir entre la salida honorable y honrosa antes de llegar a las navidades o seguir arrastrándose hasta marzo. La opción la tiene usted, el Parlamento
no puede más que hacer retórica al respecto.

Y termino simplemente con un agradecimiento como han hecho otros colegas, agradecimiento al buen clima que en general ha reinado dentro de la comisión, agradecimiento particular a la presidenta de la comisión por lo difícil y por el buen trabajo que ha llevado a cabo y agradecimiento particular en este caso a los dos comisionados del Partido Nacionalista Vasco, porque al no evadirse de sus responsabilidades en su comisión han sido capaces de
marcar desde el primer día hasta el último el carácter de este dictamen y eso es política.

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