Kultura Abierta

Derechos de autor en la red

Beatriz Celaya

El nuevo contexto digital ha supuesto una revolución en la forma de crear conocimiento y cultura, y, sobre todo, en la forma de acceder a ellos. Por eso pienso que es fundamental adaptarse a los nuevos tiempos. La revolución real de internet es el acceso a la cultura e información en tiempo real, en cualquier lugar del mundo, y a un coste universal, gracias a la eliminación de costes como la fabricación, distribución, etc vinculados a la puesta en venta del producto. Internet ha sustituido a las productoras, discográficas y ahora lo va a hacer con las editoriales ya que ahora la cultura se comunica directamente con el usuario. Las empresas que sobrevivan a este cambio se verán alteradas y redefinidas por la nueva realidad, y es posible que para ello necesiten esquemas de funcionamiento totalmente distintos.

Lo correcto sería replantear los mecanismos de compensación que actualmente existen, dado que el actual canon se ha quedado anticuado ante las nuevas tecnologías, para mí está claro el problema ahora es cómo adaptarse y sacar el mejor provecho de esta plataforma que es Internet.

Creo que tanto autores como usuarios estamos todos estamos de acuerdo en defender los derechos de autor. Y que el cambio de modelo de negocio es inevitable. Estar defendiendo unos derechos para autores que no se adaptan al nuevo medio es absurdo y me recuerda a la imagen del zapato de la cenicienta cuando se lo probaban las hermanastras y como no les entraba les cortaban los dedos. Yo lo que defiendo es un cambio de leyes que protejan al autor.

Es una realidad que ya casi nadie compra cd`s de música o dvds, porque es mucho más cómodo, rápido y eficaz acceder a los contenidos de los medios digitales y más económico y en la mayoría de los casos gratuito. Creo que lo que los empresarios deben hacer (y me refiero a productores, discográficas y editores) es crear un amplio catálogo digital y ofrecer no sólo calidad sino servicios y un precio competitivo y así no me cabe la mayor dudad que la piratería llegaría a su fin por sí sola. (Itunes y Spotify)

Esto que parece un mundo y algo irreal ya ocurrió en su día con los fabricantes de cámaras analógicas a las digitales, e incluso su red de distribución (que finalmente no sufrió tanto como se esperaba porque se supo adaptar). Resultado: Se dejaron de fabricar y revelar rollos, se almacenan las fotos digitalmente, sólo imprimimos aquellas que deseamos por una cuestión sentimental conservar en formato físico, la fotografía se ha popularizado me atrevería a decir que de forma exponencial (a ver quien no tiene hoy en día una o dos cámaras en su casa) y tanto la industria como los usuarios a medio/largo plazo han salido beneficiados.

Por supuesto que creo que los autores deben recibir una compensación. Hasta ahora se han creado situaciones muy injustas entre creadores y entidades de comercialización por eso pienso que es el momento de crear unas garantías mínimas para los creadores. La realidad es que en literatura sólo unos 5 escritores viven de lo que generan sus ventas, para poder sobrevivir tienen que escribir columnas en los medios de comunicación, dar conferencias etc…pienso que este es un momento fundamental para luchar por los derechos de autor pero no aplicando lo que se ha venido haciendo hasta ahora

Nadie se opone a los modelos de pago ni propugna el gratis total, sino simplemente que no se favorezcan artificialmente modelos de negocio obsoletos. La música no se muere, sino que pasa por su mejor momento en muchos años, y será todavía mejor de aquí en cinco años. La propiedad intelectual la protege el mercado en cuanto los intermediarios del pasado permitan que se desarrollen modelos adicionales. Se pierden puestos de trabajo, sí, pero se reconvierten en otras industrias debido a un cambio del modelo productivo, como ha ocurrido siempre en la historia: un cambio de modelo productivo que esta ley hace mucho más difícil al introducir la incertidumbre jurídica en la ecuación.

Es lógico que las empresas (editoriales, productoras, discográficas) estén asustados y no quieran oír hablar de cambiosobre todo porque son demasiadas cosas que se les escapa de su control y frenando el avance tecnológico (prohíben en sus estatutos las licencias libres y, de hecho, el uso de internet) en cierta forma se benefician porque todo se ralentiza y en cierta forma se benefician del enfrentamiento entre artistas y ciudadanos cuando artistas y ciudadanos quieren lo mismo: el bien de los creadores, de todos los creadores y no solo de una ínfima parte de los socios de las entidades de gestión (el 10% de sus socios, más o menos). Hay que desmantelar la estructura actual de las entidades de gestión para crear un sistema justo de reparto de derechos de autor y creo que este es el momento. Los hábitos de consumo han cambiado y lo que toca ahora es adaptar antiguos modelos de negocio a nuevas plataformas. Por un lado hay que conseguir el libre acceso a todos los contenidos y por otro quien defender los derechos de los creadores.

Por eso defiendo la necesidad de "reequilibrar la balanza y dar poder a los autores y a los consumidores, y que los intermediarios ofrezcan un valor añadido". Que hay que ayudar a ese cambio, por supuesto, pero no con medidas coercitivas si no de concienciación.

Lo que estamos viviendo ahora no es sólo la adaptación del papel a lo electrónico sino un cambio del modelo tradicional de edición. EEUU ya lo está haciendo y podemos fijarnos en ellos para empezar a hacerlo nosotros también. Lo que están haciendo las grandes editoriales es comprar catálogos para formato digital a través de tiendas on line (amazon, Barnes & Noble etc..) y las librerías vender los dispositivos de lectura.

Es una realidad que como no existe tecnología para impedir estas descargas ilegales hay que conseguir una legislación para que siga existiendo negocio tanto para los autores como para los editores, y que el lector salga beneficiado. Está claro que en el camino quedarán fuera algunos de los actores de modelos de negocio antiguos como distribuidores etc…pero esto es inevitable.

Fórmulas

Que las empresas culturales funcionen como proveedores de servicios asociados es decir, nuevos modelos de distribución de contenidos digitales a través de servicios online estilo los de Spotify. Aplicaciones que impidan que los contenidos sean pirateados o compartidos con otros sin permiso de los autores. En el sector editorial tendrá lugar algo similar. Algo que podríamos llamar "libro en la nube", similar al caso de Google Edition, donde el contenido se compra y se puede tener acceso a él por un tiempo limitado o permanente, según el tipo de cuota, pero no se tiene físicamente. De esta forma el usuario es el que decide, tal y como ha hecho Apple con iTunes y el iPod y como se está haciendo en Spotify

Este creo que es el tema que está enfrentando a la sociedad y encontrar la manera de dejar circular la información sin que los creadores salgan perjudicados es el mayor reto.

Otro de los problemas que se desprende de todo esto son los formatos en el que se ofrece el producto. Actualmente ¿quién compra un Cd de música, Dvd etc...? Sin duda, es muchísimo más cómodo y rápido acceder a los contenidos a través de medios digitales (por no hablar de una cuestión de espacio). Y mucho más económico. Ahora bien...¿alternativas de pago a dichos datos a un precio universal? En el momento en que los usuarios dispongan de un amplio catálogo digital, a mayor calidad que la ofrecida actualmente, y a un precio competitivo, no me cabe la menor duda que la "piratería" llegará a su fin por sí sola. Los usuarios limitaremos la compra de artículos físicos como libros o discos de música a aquellos productos que deseemos mantener en nuestras estanterías por mera cuestión "sentimental", si se puede decir así, de apego al autor/obra, el poder "tocarlos". Como ocurre con los vinilos, imagino.


Las formulas que más se acercan a un modelo satisfactorio, hoy en día, son portales de streaming, tipo spotify para música. En este caso es fácil computar cuanta gente ha escuchado tal tema.....
Lo mismo se podría aplicar en libros, a través de un cálculo de descargas.
El problema es que en muchos casos el artista mismo se ve afectado por las normativas que se pretenden introducir en cuanto a la regulación de la red que con el pretexto de combatir la "piratería", hay el peligro de obstaculizar la actividad de los creadores mismos.
De aquí surge el dilema de si el modelo de derechos de autor, tal como ha estado regularizado hasta ahora, sigue valido o no.
La sociedad, expertos, abogados, blogueros, están trabajando para buscar alternativas satisfactorias para todos.

El miedo lógico a que se repita en el sector editorial el mismo intercambio de archivos mediante programas "peer to peer" (Napster para la música; Rapidshare para los libros) que en el mundo de la música, a veces hace olvidar que este sector ha sabido salir adelante obligado por los cambios de acceso a los contenidos. Y todavía siguen buscando modelos de negocio para adaptarse a los tiempos y a la vez evitar la piratería, como ya sucediera con la solución iTunes. El último sistema es el que ofrece Spotify, que ha lanzado recientemente una aplicación para el iPhone que permite a los usuarios descargar música de forma temporal. Si un cliente deja de pagar una suscripción, la lista de reproducción seguirá existiendo en la carpeta de su ordenador, pero la capacidad de oír las canciones sin conexión será desactivada. En sólo un año ya tiene más de dos millones de usuarios en el Reino Unido, y más de seis millones en toda Europa..

 

Legislar internet y el intercambio de archivos es complicado porque este canal nació así con el intercambio de internauta a internauta creo que otorgar al gobierno a un órgano censor y a los jueces el papel de supervisión es un error porque no se avanza restringiendo sino llegando a acuerdos. Por supuesto que hay que legislar y proteger pero cuando realmente se sepa qué hay que legislar y proteger.

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Tags: debate

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